sábado, 14 de mayo de 2011

La teoría sobre predicción de terremotos

"El astrólogo se equivocó de lugar, pero no de día". Esta idea recorrió las redes virtuales y, presumiblemente, bares y pasillos del mundo real. Más entre los que se habían convencido de que Roma iba a ser destruida por un terremoto. ¿Tiene algún sentido pensar que pudo "desviarse a España" la profecía asignada a Italia?





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Bendandi


Los que no quieren admitir el fracaso de la profecía que vaticinaba el acabóse en Roma el pasado 11 de marzo dicen que el sismo que sucedió el mismo día en Lorca, Murcia, España, es "el que iba a arrasar Roma, cuyos efectos se desplazaron unos kilómetros". Si no fuera porque el terremoto que afectó al pueblo ibérico causó 9 muertos, 324 heridos y gravísimos derrumbes, hasta se podría bromear al respecto.
Que "el astrólogo se equivocó de lugar, pero no de día" suena a coartada.  Ahora, que Roma sigue en pie, ¿es razonable confiar en la exactitud del vaticinio, cuando el terremoto murciano no estaba contemplado en los términos del anuncio? ¿Acaso el árbitro da por bueno el gol cuando aparece un pícaro que le corre el arco?
El miércoles 11 la histeria se apoderó de Roma. A pocas horas del terremoto que no sucedió, hubo empleados que faltaron a sus trabajos, hubo padres que no enviaron a los niños a la escuela, comerciantes que mantuvieron sus negocios cerrados y miles de ciudadanos que huyeron de la ciudad (aún no sabemos si el destino de algunos fue Lorca). Según recoge el ABC, en Italia varios medios estimaron que 2 de cada 10 romanos fueron afectados por la falsa alarma. Hacía meses que crecía el temor y el pánico sólo se podía atenuar, no eliminar por completo: de nada sirvió que por semanas autoridades políticas y administrativas avisaran que no había nada que temer. Si bien Italia es un país sísmico, "las probabilidades de que la tierra se sacudiera son las mismas que en cualquier momento". Incluso la ciudad de Roma —emplazada en una zona no sísimica— estaba más a salvo que cualquier otra región de la península.

Ni siquiera debió hacer falta convocar a expertos sismólogos para refutar la predicción. Paola Lagorio, presidenta de la Asociación La Bendandiana, aseguró que la versión según la cual Raffaele Bendandi (1893-1979), un sismólogo y astrónomo amateur, había anunciado un terremoto para el 11 de mayo de 2011 "carece de todo fundamento".
Se dirá que no todo el mundo se entera de las desmentidas. Se dirá que, cuando llegan a publicarse, es demasiado tarde. O ni siquiera útil: el miedo al cumplimiento del augurio, tal vez, refuerza la prudencia. Una actitud de "evitemos tomar riesgos por si acaso". Sin embargo, miles de romanos reaccionaron como si las advertencias del gran sinsentido no hubieran existido y eligieron la estampida, una actitud que después de todo es comprensible en una sociedad que ha vivido entre sismos, erupciones volcánicas y terremotos sin haber tomado medidas preventivas adecuadas, como construir edificios a prueba de temblores y otras previsiones.
Ante el caos reinante, Roma convocó a dar la cara a un hombre llamado Tommaso Profeta, jefe de los servicios de protección civil. "El plan, en cualquier caso, es estar preparados para un desastre natural", explicó el funcionario, quien —ya que estaba— podría haber aprovechado el apellido para hacer una predicción que restituyera la calma.
El estado de inquietud latente le dio una oportunidad al Comitato Italiano per il Controllo delle Affermazioni sul Paranormale (CICAP) de sacar a los medios a sus científicos y divulgadores, quienes informaron que el promocionado "método" usado por el sismólogo Bendandi ya había sido examinado y descartado. "Para minimizar los daños y las pérdidas humanas la palabra mágica no esprevisión, desde el momento en que, al estado de cosas actual, ella no es posible, sino prevención. Construir edificios en condiciones de resistir sismos de media intensidad o de no venirse abajo enseguida para dar tiempo a las personas de ponerse a salvo, es un modo de combatir los desastrosos efectos del terremoto", escribió el geólogo Mauro Carta en la revista Scienza & Paranormal en 2009.
Dramático ejemplo de falta de prevención fue el terremoto de L'Aquila, en 2009, con un saldo de más de 300 muertos y la sensación de "podríamos haber evitado el desastre y no lo hicimos", como denunciaron, centrándose en la ciudad de Abruzzo, los documentalistas del film "Sangre y cemento". Este es el trailer.

Dice Carta que a la imposibilidad de predecir un terremoto "se suman habladurías, lugares comunes y leyendas urbanas que, mezcladas con la voz de científicos y técnicos, generan un efecto negativo en la percepción de la idea del terremoto en la población".
El auge de las creencias sin fundamento a veces es fruto indeseado de la despreocupación oficial para prevenir males mayores. Por cierto, el retrato de la polémica figura de Raffaele Bendandi tampoco parece ser el de un charlatán. En un trabajo donde se ocupa de su trayectoria, el geólogo del CICAP destaca que sus teorías sismológicas y astronómicas, si bien fueron descartadas, no eran meras fantasías místicas. El llamado "hombre de los terremotos" trataba de trabajar en arreglo al método científico y ciertamente había traspolado las fuerzas de la marea, debidas a la atracción gravitatoria de la Luna y el Sol, a un supuesto efecto que esas mismas fuerzas debían provocar en la superficie terrestre.
Il Bendandi

Tales fueron los efectos "astro sismogénicos" descriptos por Bendandi, quien presentó su tesis en la más absoluta soledad, celebrando efusivamente los pocos aciertos y ocultando los vaticinios fallidos, los cuales, desde luego, eran muchos más. Lejos de los ambientes universitarios, "el Señor de los Terremotos" recibió duros ataques "ad hominen" por parte de figuras de la ortodoxia académica, la misma que años después debió reconocer el coraje y empeño de Bendandi, primero cuando fue nombrado Caballero Oficial al Mérito por la República Italiana y segundo cuando ingresó como miembro en la Sociedad Sismológica Italiana.
Todo esto no significa que Bendandi alguna vez haya tenido razón, sino que hizo valiosos esfuerzos —todos contracorriente— para predecir las sacudidas de la Tierra, casi sin recursos y en tiempos en que nadie intentaba hacer estas predicciones. Los geólogos, allá por 1920, ni siquiera sabían que predecir un temblor era una meta tan difícil de alcanzar. Al no haber todavía chances de predecirlos, el de España no fue un "desajuste" de ninguna previsión sino pura coincidencia.
¿Qué factor disparó el pánico sísmico del 11 de mayo? Tal vez nunca lo sepamos. Puede ser que la sensación de inseguridad que predomina en Italia respecto de los sismos predispone a sus habitantes a aceptar esta clase de leyendas urbanas, que pudo tener su origen en una broma propia de las redes sociales o, si elegimos creer en conspiraciones, en un rumor intencional causado por los saqueadores de terremotos, como sugirió el jefe de los servicios de protección civil, el respetable Tommaso Profeta.
Fuente :Alejandro Agostinelli es periodista y editor del blog Factor 302.4




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